Una mujer diagnosticada con cáncer decidió asumir el riesgo que le producía tener un hijo: pues al salir embarazada debía escoger entre su propia vida o la vida de su bebé aunque ella muriera.

Sarah Wickline Hull, fue diagnosticada con cáncer hacía 10 años, por lo que todos los doctores que trataron con ella le aclararon que la idea de ser madre no era la más recomendable para ella debido a que no podría sostener una vida sino apenas podía con la suya, por eso la colocaron a elegir entre su vida o la de su bebé.

Sin embargo, esta rotunda decisión de parte de los doctores chocó con la convicción y fe en Dios de Sarah, pues ella muy bien sabia que no debía abortar y que era necesario que ella y su familia vivieran esa situación, “un desierto” como dijo Hull.

«Yo estaba embarazada y no podía respirar. Creíamos que era bronquitis o neumonía, pero acabó siendo un linfoma de Hodgkin. No podía creer porque era mi primer hijo. Yo estaba muy asustado para mí y para el bebé «, dijo Sarah.

Ella confió en Dios hasta las últimas consecuencias, pues vivió 9 meses de embarazo del cual nació su hija y ella supo de inmediato que Dios estaba con ella guardando ambas vidas; luego de 10 años más tuvo otra hija y no le afectó en nada, formando una hermosa familia, «Yo me mantuve firme y rechazé»,recuerda ella.

Sarah hoy es un ejemplo de superación, fe y lucha para muchas mujeres e incluso para personas que tienen cáncer, «Tengo una hija sana, hermosa, brillante, preciosa de 10 años que es un recordatorio vivo de que los médicos no lo saben todo. Voy a celebrar 10 años sin cáncer en mayo», concluye.

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